Ganadores del II Concurso de Relatos Breves


 

 

Patrocinado por:

 

Autor: Salvador Robles Miras de Bilbao

 


EL ESCRITOR DE LOS BOLSILLOS GRANDES


El mismo día en que aprendió a leer, su madre le mostró los pantalones que vestiría a partir de la mañana siguiente.


-Los bolsillos son muy grandes. ¿Por qué, mamá?


-Para que siempre lleves contigo un libro, el que tú quieras, hijo mío.


Cuentan los cronistas de aquí, allí y allá que, muchos años después, Luis Gabriel, el que fuera el niño de los pantalones de bolsillos grandes, convertido en un adulto menudo, enclenque y miope, ataviado con un esmoquin, subió al estrado de un suntuoso escenario y, con la voz quebrada por la emoción, extrajo un libro pequeño del bolsillo de su pantalón y dijo lo siguiente:


“Desde poco después de cumplir los cinco años, llevo siempre conmigo un libro en el bolsillo, subrayo el adverbio: siempre. Hoy he estado a punto de hacer una excepción, ya que no encontraba ninguno que cupiese en el pantalón de franela que llevo puesto; por fortuna, a última hora, cuando me disponía a salir a la calle con los bolsillos vacíos por primera vez en los últimos cincuenta y ocho años, desde que mi añorada madre me enseñó a leer en nuestra humilde morada, en un pueblo de interior, un empleado del hotel en el cual me alojo me ha ofrecido la versión, en tamaño gnómico, de El pabellón número 6, de Anton Chejov, uno de mis autores favoritos. El tamaño del libro, minúsculo, y el hecho de que haya transcurrido casi un lustro desde que leyera este cuento largo por última vez, me han animado a introducir a Chejov en el bolsillo de mi extraño pantalón. Y digo extraño porque, en mi vida cotidiana, para honrar el recuerdo de mi progenitora, acostumbro a llevar pantalones, de pana en invierno y de algodón en verano, con los bolsillos grandes, muy grandes, y también deformados. Los buenos libros forman la mente y el carácter pero deforman las prendas de vestir. Gracias a los bolsillos grandes de los pantalones que confeccionaba mi formidable madre, una consumada maestra en el arte de vivir con dignidad, me convertí en el lector que soñó con ser un gran literato. Según ustedes, lo he conseguido. Gracias por concederme semejante honor”.


Y el escritor de los bolsillos grandes, ese día enfundado excepcionalmente en un esmoquin de bolsillos grandiosos pero pequeños, respondió con una reverencia a la ovación que le tributaba el público que llenaba la sala que acogía la ceremonia de entrega del Premio Nobel de Literatura.


Seudónimo: “Rubén Levi”


 

Apartado local:

 

Autor: Juan Carlos Cencerrado Ruiz de Alcazar de San Juan, Ciudad Real


 

EMIGRANTE

El aire golpeaba violentamente sobre su frente y aunque quería continuar su viaje le era imposible. Las nubes que ocultaron el sol durante los últimos seis días impedían que pudiera orientarse con precisión y apenas le quedaban fuerzas para seguir... y debía hacerlo…

Cuando marchó de casa hace tiempo tuvo dudas..., pero algo le impulsó a buscarse la vida más allá de los lindes de su pueblo natal. ¡Era tan joven! …, y la juventud solo ve el brillo y no el filo en la espada. Así que se fue y ahora...pasado el tiempo…¡volver era tan difícil!..

…Una ráfaga hizo que cerrara los ojos y casi estrelló su cabeza contra unos enormes pinos macarenos. ¿Cómo no pudo verlos? , ¿Tanto cansancio acumulaba?... hizo memoria de la última comida, ante la llamada de su estómago, y recordó… ¡dos días sin comer!, tenía que encontrar el camino cuanto antes.

Su entumecido cuerpo pedía reposo y se dejó caer a la orilla de un arroyo que salió a su paso…., al menos podía beber... y lo hizo con premura; Pero el frescor del agua no hizo sino agudizar la sensación de frio en su interior, el atardecer llegaría en pocos minutos y su vida corría peligro en campo abierto, así que con un inmenso esfuerzo se alzó de nuevo y esta vez al agrego del viento, si pudo dirigir su mirada hacia el norte debía buscar el rio, su hogar , su tierra .

Su cerebro seguía una rutina ancestral que pretendía mantener la vida en sus venas, la sangre era bombeada del corazón a los miembros, que se movían utilizando sus últimos recursos… y la mente , embotada , le mostraba imágenes que animaran su desesperado viaje ….un sueño , un delirio ,que veía tan nítido como si fuera real….si….veía los paisajes de su destierro, a veces áridos ,como las miradas recibidas por sus extraños habitantes, otras veces campos verdes y extensos, o enormes ciudades, terrenos con exótica belleza, tristeza y soledad…. nada parecido a la que recordaba de su infancia.

… y de repente …otro sueño…imágenes de una torre ... inmensa atalaya que desde el campanario dominaba todo el pueblo ,como una madre vigila con su mirada a sus hijos que corretean por el suelo…. veía los pinares, más allá del cementerio, hermosas mantas verdes que calentaban la tierra dormida bajo ellos, y el agua fluyendo entre los arboles, agua que llegaba de otros lugares , que venía de miles de arroyos , de lluvia y de nieves…, que había tenido otros nombres pero que aquí ,en sus riberas tenía el mejor de todos ellos, puesto que era el nombre de su amada tierra.


Por un segundo perdió el conocimiento y un remolino de viento y furiosa lluvia envolvió su cuerpo flácido, como la muerte que acechaba a su paso.., abrió los ojos al instante con terror y un reflejo del sol que se perdía entre la tierra y las nubes hizo que lo viera….en la distancia…en la cima del monte , imponente edificio como un gigantesco barco varado tras la galerna…un recuerdo se empeñaba en salir del fondo de su memoria aturdida, para decirle que su hogar estaba más cerca de lo que pensaba y hacia allí giro su mirada y tras ella , el resto de su ser ,consumido casi en los últimos estertores ………y siguió ..Y siguió. Con la fuerza de la desesperación…….

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…A la mañana siguiente, un rayo de sol calentó su espalda y alzando la vista se dio cuenta que estaba en su lecho. No recordaba cómo había podido llegar allí, pero el olor del campo mojado flotaba por todas partes y llenaba sus pulmones, asaltando sus sentidos con recuerdos de su infancia. Cientos de aves trinaban en un espléndido amanecer que hizo que se levantara y saliera a admirar su amado pueblo…pudo ver sus calles vacías de gente, pero llenas de momentos vividos, algunos tejados humeantes que mostraban la presencia de habitantes, pocos, guardianes del precioso tesoro que eran esos campos.

Un ruido y un movimiento hicieron que bajara su vista hacia el final de la calle y se irguió tan alto como pudo para ver como alguien salía de una de las casas….

…Una mujer de avanzada edad abrió la puerta y miro a su izquierda para comprobar la hora en el reloj del ayuntamiento. ¡Las 7!...suspiró y musitó una oración agradecida por un día más de salud...era una mañana fría de marzo…., iba a entrar de nuevo en la casa cuando un movimiento en la iglesia llamó su atención... alzó su vista a lo alto de la torre…y una sonrisa se dibujó en su cara, que dejó de ser la de una anciana, para volver a ser una niña…. ¡Otra vez está aquí!...

…La cigüeña dejó de mirar a la mujer y abrió las alas en todo su esplendor, ¡ya estaban secas pero aún doloridas por el viaje y el hambre volvía a llamarla!…se impulsó de repente y con un majestuoso vuelo se dirigió al rio… su hermoso rio…. ¡a pesar de todo estaba viva!….,

No...Aún más,..¡Ella era la vida!….

 

 

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